Una mañana entendí que existe una cualidad central que es el criterio fundamental de la vida y el espíritu de un hombre (y de una mujer), dicha cualidad es objetiva y precisa, pero carece de nombre. La búsqueda que de esta cualidad hacemos en nuestras propias vidas es la búsqueda central de toda persona y la esencia de la historia individual de cada persona, es la búsqueda de aquellos momentos y situaciones en que estamos más vivos… 

El viento, el salitre; vas sentad@ en la cubierta del ITACA, hacia proa, a la altura de los obenques; navegamos a un descuartelar, a seis nudos, hemos salido rumbo hacia la boca de la ría, nordeste fuerte, olas de un metro y ríes, escondiendo la cabeza cuando ves llegar los suaves rociones para evitar mojarte, pero mojándote…. Comes una pequeña manzana verde mar que yacía en un rincón del barco para dicen combatir el mareo; agua rota, espuma brillante abandona sin querer y a toda prisa los costados del barco; saludas brazo derecho en alto a lo lejos a otro loco al timón con el que te cruzas.

Nada que guardar, nada que perder. Ninguna posesión, ninguna seguridad, ninguna inquietud por las posesiones y ninguna inquietud por la seguridad: en este estado es posible hacer exactamente lo que quieres sentir y nada más; no hay temores ocultos, ni moral, ni reglas, ni notas calladas de reserva, ni sentido sutil de preocupación por la forma de lo que hace la gente a tu alrededor, y sobre todo ninguna preocupación por lo que tú mismo eres, ningún miedo sutil al ridículo de otros, ninguna sutil sucesión de temores que pueda relacionar la menor trivialidad con la bancarrota y la pérdida del amor y la pérdida de los amigos y la muerte, ni corbatas, ni trajes, ni elementos exteriores de majestad. Sola la risa y el mar. 

Esa misma tarde, salí de nuevo a navegar. 

Adaptación de El modo intemporal.

Christopher Alexander.